viernes, 9 de mayo de 2014

una casa o un pozo


¿De qué
voy a escribir
si no es
sobre lo que
me acontece?
Camino
pesarosa
como
llorando
en cada aspiración
y riendo
locamente
en el proceso
complementario.

Me he sentado
en un banco
a la sombra
de unos árboles
de los que
no podría,
-puesto que no lo sé-
decir el nombre.
Me faltaban
fuerzas
para llegar
hasta casa.
Esta casa
que a veces
se convierte
para mí
en un oscuro pozo
con una luz
de farol
colgado
en lo alto,
pero cuya
visibilidad
está cegada
por unas pesadas
puertas de hierro.
A veces
imagino
que sigo escondida
ahí abajo
y que no quiero
que me encuentren.

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