Los poetas
fantaseamos
con una sucesión
de felaciones
egoicas
multijugador.
Nos lamemos
continuamente
encabalgados
en una obscenidad
oral
desmesurante,
presos
de nuestro
ego
herido.
Hoy quiero
traerte a casa -No pienso marcharme Sin ti-
y bajo
el muérdago
extraer
todo
tu poder
y el temblor.
Lo cerca
que jamás
hemos estado.
Anclarte
al sofá
como si
-férreo-
fueras
de brea y
exprimirte.
sacudirnos
en el tímido
escalofrío.
Y quemarme,
quemarme
del todo
de mirar
tu pegadizo fuego,
abrasada
pereciendo
en tu piel
incandescente
y no queriendo
despegar(me).
Tocarte
como si
fueras
de ébano ¿Para qué competir? ¿Contra qué ídolos?
Besarte
como quien
besa el
centro mismo
de la
gravitación
y pierde
el Equilibrio
y la noción
del tiempo-espacio.
Y bailar
con seres
invisibles
una danza
frenética
e imparable.
Te observo y
me prende con
-tal fuerza-
una llama inextinguible que supongo,
tú no ves,
que yo pienso,
sin embargo
ha de ser incluso,
escandalosa ¿Tú la notas?…
¡Que me estoy
fundiendo
aquí a tu lado…!
Y no sé cómo
no me había
dado cuenta.
Porque te miro
y no lo entiendo.
Quiero
abrirte los ojos
esta noche
y que sepas
que quiero
contigo
la fragua,
el riesgo,
la lucha y
surcándonos
completos
abarcarte y
acabarte prendido.