Mostrando entradas con la etiqueta complutense. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta complutense. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de enero de 2013

El Paladar Perdido

Hace varios años decidí hacer oficial mi relación con el lenguaje. Celebrar la misma y reconocerla públicamente. Publiqué un poemario bajo el título de El Paladar Perdido.

Este proyecto vio la luz en formato papel en 2011, pero no me he visto con el entusiasmo necesario como para poder defenderlo hasta ahora.

Es un poemario intimista y sencillo.

Pretende llegar, tocar y conectar con un lenguaje casi hablado.

Mi editorial, Ediciones Antígona, me ha comunicado que han decidido cambiar de Distribuidora, por lo que me invitan a hacer como autora, un pequeño esfuerzo para la difusión de la obra, ahora que han doblado sus esfuerzos por dar presencia a nuestros ejemplares tanto en las librerías físicas, así como en formato e-book y plataformas de venta on-line.

Para conseguir un ejemplar -que os aseguro disfrutaréis, y que con todo cariño os dedicaré- tenéis las siguientes opciones:

- La Casa del Libro.
- Librería de El Corte Inglés.
- Cualquiera de la mayoría de librerías de Letras de Madrid.
- A través de internet en cualquier plataforma como amazon.es. (Simplemente escribe en Google "Piedad García-Murga El Paladar Perdido" y saldrán miles de opciones).
- O bien contactando conmigo personalmente, yo tengo ejemplares que la editorial me brinda con el fin de recuperar la inversión inicial.

Y por si os fuera de interés, aquí os dejo un fragmento del Prólogo (mucho mejor que los poemas que lo suceden), que me hincha el pecho como un pavo real:


¿Se puede contar poco y contar mucho a la vez? Yo creo que sí. Se puede contar poco y decir mucho, por ejemplo. Se pueden decir muchas cosas, contándolas con cuentagotas o, si hablamos de poesía, con la claridad y la brevedad que destilan los versos de El paladar perdido. No puedo imaginarme con barroquismos una poesía como esta, que habla de la traumática pérdida de la inocencia, del calambre que da a veces el contacto con el otro y la conmoción posterior: ¿no era la carne tibia?, ¿qué engaño es este? Es algo tan común... qué sentido tiene usar para ello un lenguaje que no sea el del habla, dotado de la gravedad que solo el verso breve tiene. Porque, qué duda cabe, el verso largo solo sirve para preparar el flechazo que supone el verso corto, es un tensar el arco, una espera dramática que, si se alarga demasiado, se puede volver inútil. La concentración es una cualidad, ya lo sabían los imagistas. Los versos de Piedad son flechazos en ese sentido, y hieren, pero a veces saben a fresa. 
          Por Borja Menéndez Díaz-Jorge



Muchísimas gracias por vuestras visitas a este blog y por vuestro afecto. Ante todo soy una persona y lo que me nutre es vivir y compartir experiencias.



sábado, 15 de diciembre de 2012

brazo derecho


Dudar
de querer
lo que fuera
cuando ya
había metido
la mano toda 
en el agujero.

Y tener 
ahora
que escapar
con el dolor
de sacar el brazo
o jamás 
volver a verlo.

martes, 24 de abril de 2012

verde


quisiera
ser una hebra
de la tierna
tierra verde
como verdeante
césped
nacida,
o como
aguja de pino
yaciendo
boca-arriba
quisiera
que te tumbases
todo tu cuerpo
el peso
de todo
tu ser
encima mía
y me recostases
aplastada,
finalmente
vencida
con el peso
de tus huesos
y la respiración
invertida

verde
verde
verde
yerba-arriba.

martes, 29 de diciembre de 2009

bajo el muérdago - under the mistletoe

Hoy quiero
traerte a casa
                    -No pienso marcharme
                                                   Sin ti-
y bajo
el muérdago
extraer
todo
tu poder
y el temblor.

Lo cerca
que jamás
hemos estado.

Anclarte
al sofá
como si
          -férreo-
fueras
de brea y
exprimirte.
sacudirnos
en el tímido
escalofrío.

Y quemarme,
quemarme
del todo
de mirar
tu pegadizo fuego,
abrasada
pereciendo
en tu piel
incandescente
y no queriendo
despegar(me).

Tocarte
como si
fueras
de ébano
           ¿Para qué competir?
                       ¿Contra qué ídolos?

Besarte
como quien
besa el
centro mismo
de la
gravitación
y pierde
el Equilibrio
y la noción
del tiempo-espacio.

Y bailar
con seres
invisibles
una danza
frenética
e imparable.

Te observo y
me prende con
-tal fuerza-
una llama inextinguible
               que supongo,
tú no ves,
              que yo pienso,
sin embargo
ha de ser incluso,
escandalosa
              ¿Tú la notas?…

                         ¡Que me estoy
                                       fundiendo
                                             aquí a tu lado…!
Y no sé cómo
no me había
dado cuenta.
Porque te miro
y no lo entiendo.

Quiero
abrirte los ojos
esta noche
y que sepas
que quiero
contigo
la fragua,
el riesgo,
la lucha y
surcándonos
completos
abarcarte y
acabarte prendido.

Bajo el muérdago.